Mantenimiento · 4 min de lectura

Caldera en terraza cerca del mar: salitre, corrosión y cómo protegerla

Una caldera en la galería de un piso interior y la misma caldera en un balcón a pocas calles del paseo marítimo no envejecen igual. El aire con sal no se ve, pero se nota al abrir la carcasa.

Por Equipo de Calderas Badalona ·

Ilustración de una caldera mural en una terraza con el mar y el sol al fondo

El salitre acelera la corrosión de todo lo metálico de la caldera que está en contacto con el aire: tornillería, soportes, racores, el terminal de salida de humos y, con el tiempo, conectores y componentes de la placa. No quiere decir que una caldera en una terraza cerca del mar vaya a durar poco, pero sí que necesita algo más de atención que una instalada dentro de casa.

Por qué pasa

La brisa marina lleva partículas de sal en suspensión. Se depositan sobre las superficies, absorben la humedad del ambiente y forman una película que ataca el metal, sobre todo el acero sin tratar y las uniones entre metales distintos. En Badalona, en los barrios más próximos a la costa y en los pisos altos con terraza abierta al mar, se nota en barandillas, toldos, unidades de aire acondicionado… y en la caldera.

La caldera tiene además un factor en contra: se calienta y se enfría varias veces al día. Esos cambios de temperatura hacen que la humedad condense dentro de la carcasa, y si esa humedad lleva sal, el efecto es mayor.

Dónde lo vemos primero

  • Tornillos y bisagras de la carcasa. Es lo más visible: manchas de óxido que escurren por el frontal.
  • Racores y llaves bajo la caldera. Las conexiones de agua y gas se cubren de verdín o de costras blancas. Una llave de paso que no hay forma de girar cuando hace falta cerrarla es un problema de seguridad, no solo estético.
  • El terminal de humos. La pieza que sale a fachada o al exterior se degrada, y si se deforma o se tapona puede provocar bloqueos.
  • Conectores eléctricos y la placa. Aquí aparecen los fallos más difíciles de localizar: errores que salen y desaparecen, bloqueos sin causa aparente, la pantalla que se apaga un día de mucha humedad.
  • Electrodos de encendido y de detección de llama. Se ensucian antes, y eso se traduce en encendidos que fallan.
  • Soportes y la pared. Pocas veces, pero hemos visto soportes muy comidos en calderas con muchos años. Conviene mirarlo al hacer la revisión.

Lo que sí ayuda

Una protección homologada, no un cajón casero

Los fabricantes venden armarios o carcasas de protección para instalar sus calderas en exterior. Están diseñados para proteger de la lluvia y del sol directo sin tapar la entrada de aire ni la salida de humos. Un armario hecho a medida por un carpintero, cerrado y sin ventilación, puede parecer más protector y ser justo lo contrario: acumula humedad y, en calderas que toman aire del recinto, directamente no es admisible. Si ya tienes uno, que lo vea un técnico.

Limpiar la carcasa de vez en cuando

Con la caldera apagada, un paño humedecido en agua dulce para retirar la sal del frontal y de la parte inferior, y secar después. Nada de manguera ni hidrolimpiadora: el agua a presión entra por donde no debe. No abras la carcasa para limpiar por dentro.

No dejar la revisión para cuando falle

En una caldera expuesta, el mantenimiento anual sirve para cosas muy concretas: limpiar y comprobar electrodos, revisar el estado de conectores y cableado, tratar los racores antes de que se agarroten, mirar el terminal de humos y comprobar que las llaves siguen cerrando. Es mucho más barato cambiar una llave o un racor a tiempo que tener una pequeña fuga de agua cayendo dentro de la caldera.

Revisar los tubos flexibles

Si la caldera o el calentador van con conexiones flexibles, estos tienen fecha de caducidad marcada. Al sol y con salitre se degradan antes de lo normal, así que no está de más mirarlos cuando toque.

¿Y si toca cambiar la caldera?

Es buen momento para replantearse dónde va. A veces es posible llevarla a una galería cerrada o a la cocina, siempre que haya forma de sacar los humos y de conducir el desagüe de condensados. No siempre se puede, y cambiar la ubicación supone mover gas, agua y salida de humos, que encarece la instalación. Cuando la caldera tiene que seguir fuera, merece la pena:

  • Elegir un modelo que el fabricante admita para instalación en exterior, con el grado de protección que indique para esa ubicación.
  • Prever desde el principio su armario de protección.
  • Buscar el rincón de la terraza menos castigado por el viento y la lluvia directa, sin incumplir las distancias de la salida de humos a ventanas y otros elementos.

Esto lo valoramos en la visita previa a una sustitución, porque depende mucho de cada terraza.

Cuándo no hace falta preocuparse tanto

Si la caldera está en una galería cerrada, en un lavadero interior o en la cocina, aunque vivas cerca de la playa el efecto es mucho menor: ahí el enemigo suele ser la grasa o el vapor, no la sal. Y en pisos alejados de la costa, la caldera de terraza sufre más por la lluvia y el sol que por el salitre.

Si tienes dudas sobre el estado de la tuya, las manchas de óxido y las llaves duras son buenas pistas. Una foto por WhatsApp de la parte inferior de la caldera ya nos dice bastante.

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